27 de junio de 2009

El problema del pasado es el futuro

por: Julia Azucena Guzmán Díaz


En su artículo Zermeño trata distintas problemáticas que tiene que enfrentar el historiador “actual”, aquí sólo se verá un solo problema que es aquel en el que se ve al historiador como sujeto creativo.
En el trascurso de la formación académica de los historiadores pasados y actuales se empieza a creer que la metodología histórica puede ser interdisciplinaria. Por lo tanto se puede entender que en la historia haya pasado por distintas “ideologías” que han formado historiadores creativos, esto quiere decir que el historiador ha sido influenciado intelectualmente por distintas corrientes, casi siempre, de índole filosófica, un ejemplo de este es la modernidad, donde se añade a la forma de escribir la historia con el empirismo.
Así es como los historiadores intentan recuperar el pasado y ya que el empirismo nos dice que no hay verdad sobre el pasado que no sea teórica, se comienza a teorizar. Mas el problema de teorizar se encuentra en la Valoración de la subjetividad es decir, no hay ciencia sin sujeto. Por lo tanto el problema para el historiador creativo es encuentra en la construcción del sujeto.
Por esta razón “…El "observador" no sólo estar a la mira, sino también es observado, e incluso puede observarse a sí mismo. Crea por así decirlo un nivel "metateórico".” (Zermeño, 1996) de esta manera el pasado, no existe sin el presente y el futuro. A continuación citas de zermeño que lo explican: “la historiografía nuestra surge como una necesidad social de llenar el vacío que se abrió entre el pasado y el futuro” (Zermeño, 1996), nótese la necesidad social. Del lado de la historiografía “es aquel discurso del presente sobre el pasado cuya función es la de re-llenar la hendidura que ha sido abierta por la ruptura del presente con el pasado” sin embargo “esta restauración discursiva del pasado en el presente, es realizada desde la perspectiva del futuro.”
De esta manera el historiados como sujeto observador, se encuentra ante la problemática de reconstruir el pasado através del futuro pasado, esto quiere decir que la construcción del historiador del pasado no va a hacer un reconstrucción “exacta” sino una construcción de lo que fue el pasado.


Referencia
Zermeño, Guillermo, 1996, "El problema del pasado es el futuro: notas sobre teoría y metodología de la historia". Disponible en el ARCHIVO de Tiempo y Escritura en http://www.azc.uam.mx/publicaciones/tye/problemadelpasado.htm

22 de junio de 2009

Nostalgia

Por César Alexis Marcial Campos

En esta obra vemos un sentimiento nostálgico por la edad de oro que llegó a tal grado, durante el siglo XVI y XVII, que comenzaron a recrear estos jardines paradisiacos artificiales, puesto que el otro ya había desaparecido.[1]

Debido a esa nostalgia por ese pasado paradisiaco se comienza a desplegar la imaginación artística evocando al paraíso. En esta lectura el autor hace mención a un sin número de referencias artísticas y literarias que evocan una representación de ese sentimiento nostálgico en el arte (sobre todo en la pintura) y que más tarde los llevara a la creación de paraísos artificiales, es decir la construcción de hermosos parques como representación de un paraíso al cual ya se había perdido y no podían acceder a él mas que por medio de la imaginación artística y la construcción artificial de él.

Por una parte, la literatura de la época nos muestra la visión que se tenía de ese pasado y sobre todo de su tiempo presente. Existía una mirada o visión triste de la época presente en la cual se miraba con anhelo esos “otros tiempos” y “lugares idílicos” utopías que se ven claramente reflejados en la literatura del momento.

En el caso de la pintura, al igual que en la literatura, hay un sin número de referencia que evocan al paraíso. En la cual, la visión cristiana, islámica, musulmán etc. tiene esa misma característica de los paraísos que son representaciones irreales de su “realidad”. En el caso musulmán, vemos cómo los habitantes del desierto caracterizan al paraíso como algo que no es cotidiano dentro de la naturaleza desértica. Es decir, ellos representan ese lugar paradisiaco como un hermoso oasis o vergel, en la cual dentro de todo ese mundo seco, “sin vida” existe un lugar de abundancia, de agua, es ese “más allá” que no les ha tocado vivir pero que se encuentra en su imaginación.

Finalmente, llegamos a la etapa superior nostálgica por los paraísos a tal grado que se comenzaron a recrear con un sin número de simbolismos bíblicos. Entre ellos, las flores, las fuentes, etc. toda una amalgama de detalles que hacen referencia al Edén que aparece escrito en la biblia y las pinturas que se habían hecho en referencia a ese lugar.

[1] Delumeau, Jean. “Nostalgia” en Historia del Paraíso, 1. El jardín de las delicias, México: Taurus, 2003.

El cine ¿Un contraanálisis de la sociedad?

Por César Alexis Marcial Campos

Marc Ferro nos hace reflexionar en este trabajo sobre qué tan necesario es el cine y qué tan útil puede ser al historiador como una fuente que permite representar algunos aspectos que le interesen dar a conocer.[1]

Una de las ideas principales que Ferro menciona obliga al historiador reflexionar sobre su discurso. Puesto que sí entre los mismos historiadores generan un texto que es apenas cognoscible entre ellos y que para la sociedad les es más difícil, entonces el propósito del historiador de dar a conocer el pasado de una forma inteligible para los demás no se ha cumplido del todo. Así, ¿El cine podrá ser una mejor opción? Si lo es, la carrera del historiador está en peligro. Al igual que los documentos para el historiador, un filme puede ser un elemento para la gente común de conocer el pasado.

Una de las anotaciones que debemos rescatar de Ferro es la equiparación entre el cineasta y el historiador. Ambos son pagados, y desde esta perspectiva tanto la obra cinematográfica y un texto histórico pueden mentir, ser parciales, desvirtuar cierto suceso, ya sea de forma intencional o por falta de fuentes que le permitan realizar un trabajo más elaborado y acertado. Este aspecto de analizar al historiador y su obra con el contexto y las circunstancias que lo producen como se ha venido realizando e implementarlo a la crítica fílmica, nos hace pensar que el cine ha sido considerado tomado en cuenta para que pueda ser una herramienta más que permita el análisis que devele información para la comprensión de la sociedad.

En la actualidad, el cine suele ser el portador de las expectativas del futuro. Es una de las más representativas, puesto que contiene elementos audiovisuales que permiten imaginar y crear una visión un poco más tangible que las propias letras.

Referencia
Ferro, Marc. “El cine. ¿Un contraanálisis de la sociedad?” en Hacer la Historia. Vol. III Nuevos temas, Barcelona: Laia, 1978.

La fiesta


Por César Alexis Marcial Campos

La fiesta permite a la historia observar un “mundo desaparecido”, revivir un acontecimiento, le permite aprehender estructuras sociales, culturales, etc. La fiesta revela las tensiones y representaciones en las que se encuentra inmersa la sociedad.[1]
Roger Chartier menciona que por medio de la fiesta es posible captar reglas que permiten un funcionamiento social y donde existe un “nudo” en las relaciones que se generan entre la cultura popular y la cultura dominante. Aunque la fiesta no es el único fenómeno que permite ver este tipo de cuestiones, sigue siendo muy interesante. Puesto que sitúa dos dinámicas culturales. En primer lugar, la expresión cultural tradicional que supone una mayoría que la forma; en segundo lugar, la “voluntad disciplinante” como un instrumento educador de una cultura dominante. Es decir, Chartier menciona que existe una visión de la “cultura dominadora” sobre la “cultura popular” donde ésta es concebida como un obstáculo para la afirmación hegemónica de la cultura dominante, tanto religiosa como política.
Partiendo de que las lógicas culturales se enfrentan en la fiesta y se hace evidente al observar las resistencias mutuas, la popular al sometimiento del dominante y la dominante tratando disciplinar. En este caso, es evidente de cómo la religión es un ejemplo de lo anterior: la fiesta para la cultura folclórica representa la integración de los jóvenes en la sociedad. Mientras que para la institución eclesiástica representa la celebración del Espíritu Santo, representa un momento en el que comportamiento debe ordenarse para homenajear a Dios.
Las fiestas eran organizadas por las cofradías que era lo tradicional, comenzó a ser sustituido por el financiamiento público. Así, se comienza a controlar y apropiar del financiamiento para tales fiestas con la finalidad de expresar una ideología citadina y laica. En otras palabras, la fiesta urbana se empieza a convertir en un instrumento de índole político que permite la “afirmación de la ciudad ante el príncipe, la nobleza…”.
A final de cuentas, la fiesta se encuentra censurada por la autoridad eclesiástica y transformada por la autoridad política. Lo cual trajo que la iniciativa popular se perdiera y se ha “uniformizado”. Finalmente el autor concluye en que la fiesta se ha instituido que ordena, separa, distingue, clasifica. Perdiendo con ello la conciencia de unidad que caracterizaba a la fiesta.
[1]Chartier, Roger., “Palabras, Gestos, Textos. Disciplina e Invención: La fiesta” en sociedad y escritura en la edad moderna. La cultura como apropiación, México: Instituto Mora, 1987.

Golpismo Militar

Por César Alexis Marcial Campos

El autor hace mención a un rescate de otros puntos a investigar con relación a los golpes militares en América Latina y la política exterior norteamericana. Estos puntos serían la relación entre cultura y política.[1]
El trabajo se centra en analizar la participación de los militares de Latinoamérica en los asuntos propios de su país y las influencias externas. Partiendo de la premisa de que la política exterior de un Estado-nación y las relaciones asumidas entre la sociedad civil y militar son tan específicos de una entidad que representa un fenómeno político-cultural de una sociedad, en la que, sin embargo, dicha cultura política no representa necesariamente una totalización social. Por el contrario, esta cultura política se desarrolla o construye derivado de las diferencias culturales, sociales, políticas, económicas, etc.
Para los Estados Unidos la cultura política se le identifica con la relación a un concepto, idea o imaginario político y social que convergen en una palabra: Li-ber-tad. Esta palabra, como lo menciona el autor, permaneció intangible durante el discurso político a lo largo de la historia norteamericana. Y otro aspecto importante en la toma decisoria de carácter político de los Estados Unidos es la idea de la seguridad nacional, vinculado a la libertad. Un ejemplo, de los varios tópicos que menciona el autor, con respecto a la documentación histórica que respalda estas ideas, es el caso entre la libertad y la expansión territorial norteamericana del siglo XIX: Sin la libertad de crecer, no es posible gozar una libertad total. Por otra parte, cabe mencionar la postura polémica que tiene el autor al dar mención de una serie de ejemplos sustentando la idea de que Estados Unidos no es una nación imperialista. Sino que el “pueblo” apoyará el uso de la fuerza ante alguna amenaza o si la causa es “justa”. A pesar de afirmar de que no es imperialista, puede que sí sea intolerante y se crea dentro de la cultura política una postura: “sino estás conmigo eres mi enemigo”. Debido a que para que sea posible la paz internacional y la seguridad de los Estados Unidos es necesario que se extiendan los principios "liberal-democráticos”. Sin hacer mención de que estos principios se interpretan en formas tan diversas como países y culturas existen.
[1] Forte Ricardo. “Golpismo militar en América Latina y política exterior estadounidense desde la perspectiva de la historia de la cultura política” en Cultura política en América. Variaciones regionales y temporales, México: Casa Juan Pablos, Universidad Autónoma Metropolitana, Grupo de Estudios de Historia de la Cultura Política en América Latina, 2006.

Dudar: Nada está dicho

Por César Alexis Marcial Campos

El siguiente ensayo es un conjunto de inquietudes que me han dejado el curso y lecturas realizadas enfocadas sobre la historia cultural, la forma en que representamos el pasado y el acceso a la realidad por medio del lenguaje, cuestiones que me invitan a seguir dudando y continuar su estudio.

¿Qué es historia, qué es cultura…qué es la historia cultural?

¿Cuál es el objetivo de la historia o del historiador, mejor dicho, de la historia cultural y del historiador cultural? El desarrollo de la historia cultural tiene que ver con la necesidad del historiador por explicar procesos sociales que anteriormente no habían sido tomados en cuenta por los historiadores. En este sentido, la historia cultural nace por la insatisfacción que dejaba otras formas de hacer HISTORIA y que su explicación de los fenómenos que atañen al historiador no habían sido analizados con el enfoque debido para dar una mejor explicación histórica.
Sin embargo, debemos recordar que el objetivo del historiador y su obra no se debe observar como un trabajo que se dirige a recrear simplemente el pasado con una perspectiva del presente en la que se contraste el progreso que se ha venido dando con los años. De pensarlo así, tenemos el ejemplo claro de Buckhardt quien manifestaba que tal progreso en la sociedad es inexistente.
Aunque podremos decir que la historia es el estudio de las relaciones que generan los humanos en el pasado y que de cierta forma han “determinado” nuestro presente. Sin embargo, el estudio de la historia no ha sido del todo igualitario, podemos encontrar más estudios sobre ciertos enfoques económicos, políticos, que de historia social o cultural.
En este intento por querer descifrar la historia nos llevaría un buen de tiempo. Sin embargo, hay que recordar que sus definiciones están ligados a un contexto a una propia historia de lo que se entiende por HISTORIA. Asimismo la cultura no escapa de este estigma. La podemos definir como todo es cultura, la cultura es todo lo que hacemos. Por otra parte, dejando de lado esta definición sencilla, debemos mencionar que hay un gran número de trabajos que se han realizado con el objetivo por definir la cultura.
Si partimos entonces del supuesto de que la cultura es todo lo que el ser humano hace. Podemos darnos cuenta de la gran tarea que tiene el historiador cultural. Y de que la historia se encarga de estudiar las relaciones que generan los humanos en el pasado y que de cierta forma tienen un significado en nuestro presente. Así la historia cultural viene siendo una metodología que nos permite enfocarnos y rescatar elementos que la HISTORIA no ha puesto su atención, olvidando centrar su atención a la cultura de alguna civilización específica en un tiempo específico, nos ayudaría aproximarnos a ella y entender el trayecto de su devenir histórico.

La observación y representación del pasado

Entendiendo al presente como resultado de un sin fin de procesos y coyunturas que conocemos parcialmente o por el contrario que desconocemos en su totalidad. Y que de este devenir existen huellas, vestigios que permanecen y nos plantean una serie de problemas que podrán dar al historiador cierta idea del contexto de ese objeto. Sin embargo, cuando nos planteamos un trabajo a investigar con ciertas evidencias, fuentes, cabría preguntarnos ¿Qué tanto podemos representar el pasado por medio de ella?
La tarea del historiador comienza a dificultarse, como si no fuera suficiente. El lugar social, que ocupamos en el tiempo nos condiciona, nos afecta o influye de cierta manera. Aún más lo hacen nuestros referentes intelectuales, nuestras lecturas. Las corrientes del pensamiento confluyen con nuestro lugar social y con nuestra personalidad. Hasta cierto punto, el historiador y los individuos deben su ser a un conjunto de elementos ajenos a él. Es decir, los ojos con que observamos, la manera en que lo hacemos, la necesidad de hacerlo forman parte de un conjunto de necesidades que se producen dentro de un lugar social y de un tiempo determinado, de una ideología imperante.
¿El entorno constituye al individuo y éste es tan sólo un reflejo de ello? Si fuera de esa manera no existiera problema alguno al hablar de cultura puesto que somos reflejo del espacio social que ocupamos y nuestras construcciones derivadas por dicho espacio son un reflejo de nuestro entorno de nuestra cultura. Entonces por qué al hablar de representaciones culturales existen fricciones y diferencias. Ejemplo claro es la definición de cultura desde una perspectiva de la de lo popular y de la élite, aún más la existencias de individuos que corresponden a esas culturas.
En este aspecto, podríamos mencionar que al existir fricciones en relación con representar lo que es la cultura, se desprendería la idea de que el individuo como una construcción social no es único, sino que construye diversos sujetos, diversas culturas sujetas a un entorno específico en tiempo y espacio, a esto deberíamos agregar al individuo que se mueve dentro de estos dos aspectos y que si somos parte del lugar social en que vivimos, debemos mencionar que éste produce tantos individuos como lugares existen.
Esto dificulta al historiador en la tarea de representar su objeto de estudio. Fácil es hacerlo desde el presente poder ubicar al sujeto en tiempo y espacio, conocer sus influencias, intereses, etc. para así dar un enfoque que pueda dar una imagen tal cual es. Sin embargo, hacer lo anterior con un objeto de estudio del que se tiene muy poca información es algo más complicado, todavía lo es más poder acceder a la realidad para explicarla y darlo a conocer en nuestro tiempo.

¿El lenguaje acceso a la realidad o representación de la realidad?

¿Pero hasta qué punto podemos acceder? No podemos introducirnos al pasado, pero sí podemos representarlo. La literatura, el cine, los documentos, etc. son algunos elementos de los que podemos usar en nuestro momento para llevar a cabo dicha tarea. Para esto, hacemos uso del lenguaje, en caso específico la palabra. Cada verbo, adjetivo, sustantivo que se escribe en cierto momento, espacio tiene un cierto significado específico que puede llegar a comprenderse.
Sin embargo, habrá que hacer una distinción entre comprender y acceder a la realidad. Puesto que en el primer caso, podemos entender el contexto, la trama, el conflicto, etc. Pero quizás no lleguemos a sentir esa misma experiencia que llevó al autor al escribir una novela, una nota, un reporte, etc.

Conclusión

Finalmente cabe mencionar ante este breve repaso de la historia cultural y las dudas que han surgido. Que falta mucho que debatir, no es un tema terminado. Al igual que la historia de las mentalidades tuvo su auge y declinación, surgiendo la historia cultural para enfocarse en aspectos olvidados por las mentalidades, de esta manera podemos esperar que la misma historia cultural ira generando crítica y reflexión entorno así misma y que al abandonar dicha reflexión perecerá. Mientras tanto, debemos recordar que no hay nada dicho, la última palabra no ha llegado y no deberá llegar. Podemos seguir dudando, podemos seguir proponiendo.

11 de junio de 2009

Anteproyectos de los alumnos del Taller de Investigación Histórica 2009-1


Características de la investigación histórica profesional en México. El caso del Colmex
Jorge Zavala Rivera

Tijuana nuevos senderos-nuevos espacios. Canalización de la primera etapa del Río Tijuana 1972-1974: desplazamiento e incorporación de nuevos referentes históricos en aras de una identidad cultural anticipada
Alma Estela Ortiz Lizarraga

Cholos: marginación o automarginación en pos de una identidad. Tijuana, 1975-1980
Héctor Jiménez García

Características de la participación de la mujer en los sindicatos de la Industria Maquiladora de Exportación en Tijuana, 1979-1983: Solidev Mexicana, un estudio de caso.
Mabel Eugenia Jiménez Pérez

El voto de la mujer en México desde 1953 hasta nuestros días. Una perspectiva de género
Nancy Nataní Martínez Espíndola

Sombras de la Selva Lacandona: Antecedentes del Ejercito Zapatista de Liberación Nacional, 1983-1994
Arturo Cristerna Sánchez

Estudio comparativo entre Asociación Cívica Nacional Revolucionaria y Brigada Campesina de Ajusticiamiento (1968-1974)
Sinuhé Guevara Flores

Manejo de información de la televisión en México: Intereses políticos y sociales en relación con el poder (1950-2000)
Carlos Alberto Piña Mata

La lucha del Batallón de San Patricio y el viaje del Batallón Mormón en la guerra de 1847
Leonardo Argel Reyes Rodríguez

Sacramentos en la orden franciscana en el periodo colonial desde la perspectiva de Jerónimo Mendieta, 1554-1604
Jabnia Flores Trujillo

La labor evangelizadora de la orden franciscana en la Nueva España durante el siglo XVI
Esteban Zapata

El origen del racismo y la discriminación hacia el indio mexicano durante el periodo colonial en la concepción actual de la mexicanidad
Socorro Lizbeth López Escoboza

Hacia una perspectiva histórico-política de Corea del Norte, 1989-2007
José Luis Gallegos Vega

La Iglesia Católica y su relación con el fascismo italiano (1922-1943)
Oscar Manuel Jáuregui Rivas

La vida íntima napoleónica
Bruno Barush Galindo Zendejas

Historia de la Arqueología egipcia: los sabios de Napoleón 1798-1822
Melissa Rivera Martínez

Itinerario conceptual del deja vu
Alejandra Gallardo Hernández

10 de junio de 2009

“La nueva historia cultural”


Por Paulo Sergio Sánchez Porras


En este texto de Roger Chartier podemos observar una serie de nuevas formas de escribir historia cultural y por medio de la explicación de estas formas en base a la teoría, desarrollar las ideas centrales de esta perspectiva. En la primera parte, se observa cómo el autor hace mención de la obra de Lynn Hunt titulada, “New cultural history”, donde se aborda por medio de una recopilación de ocho ensayos, los diferentes métodos de una nueva manera de hacer historia. Precisamente una de estas formas era la propuesta de la comprensión de las relaciones entre formas simbólicas y el mundo social, con esto se pretendía comprender por medio de significaciones simbólicas las conductas individuales o los ritos colectivos.

Siguiendo con el apartado de Hunt, señala que esta nueva forma de hacer historia, se encargó de unir al historiador con disciplinas que por algún tiempo dejó de utilizar, y se ejemplifica esto con la antropología y la crítica literaria, que obligaba al historiador a leer de manera menos inmediatamente documental. Esto a su vez condujo al historiador a reflexionar sobre sus propias prácticas, sobre la manera en que construyen sus narraciones y sus análisis históricos, es decir, por medio de la interdisciplinaridad el historiador encuentra nuevas herramientas que le dan validez a sus discursos y que le proporcionan información más detallada en el caso de lo estadístico y social.

Dejando de lado el texto mencionado, se toca el tema de la historia de las mentalidades, esta se encarga de retomar los métodos como las técnicas de la estadística regresiva y el análisis matemático de las series, y es que debido a que su objeto de estudio es lo colectivo, lo automático, lo repetitivo, la historia de las mentalidades puede y debe hacerse de manera serial y estadística. Debido a la complejidad de esta perspectiva, la interpretación de las fuentes tienden a serlo también, es por eso que se sugiere una forma de trabajarlas de manera cuantitativa para de ese modo, facilitar la labor del historiador a la hora de interpretar los datos obtenidos de la investigación.
En esta perspectiva resalta Phillipe Aries, quien se acerca de gran forma a la idea de cómo trabajar la historia de las mentalidades y es que en su postulación de la unidad fundamental del inconsciente colectivo, lee los textos y las imágenes, no como las representaciones de singularidades individuales, si no con el fin de descifrar la expresión inconsciente de una sensibilidad colectiva o de reencontrar el fondo banal de representaciones comunes compartido espontánea y universalmente. Es decir, no busca el significado individual de los símbolos, si no que trata de encontrar una relación universal entre dicho símbolo y el entorno social en donde es empleado.

Para abordar el por qué de la importancia de esa perspectiva en la historiografía desarrolla los siguientes puntos: En primer lugar, se dio debido a que este nuevo enfoque permitía, debido a su diversidad de campos, instaurar un nuevo equilibrio entre la historia y las ciencias sociales. Además de esto, se anexó temas de las disciplinas que cuestionaban su dominación intelectual y académica; en otras palabras, se encargó de estudiar temas que se consideraban difíciles de abordar desde esa perspectiva. En sí, podemos decir que la historia de las mentalidades se encargó de relacionar las ciencias sociales y los métodos de investigación histórica, para darle validez y exactitud a sus interpretaciones de lo simbólico, se mantuvo atenta a las diferentes formas de pensar y de sentir y abrió el camino a nuevas maneras de pensar las producciones y prácticas culturales.

En el caso de la historia cultural se observa una definición complicada debido a la especificidad del tema, pues se presenta una complicación en cuanto al campo de lo teórico Para esto se desarrollan un par de definiciones sobre lo que puede ser esta historia cultural. En primer lugar, se nos muestra la construcción de una historia de los textos, de las obras culturales como una historia de doble dimensión; mientras que, la segunda definición encuentra un fuerte apoyo en la acepción de que la antropología simbólica ofrece una noción, pero a su vez se agrega una definición según Clifford Geertz, en donde maneja que el concepto de cultura denota un esquema históricamente transmitido de significaciones representadas en símbolos, un sistema de concepciones heredadas y expresadas en formas simbólicas por medio del cual los hombres comunican, perpetuán y desarrollan su conocimiento y sus actitudes frente a la vida. En sí, podemos decir en cuanto a la Historia cultural que debido a la complejidad que encierra su definición, debemos recurrir a distintas explicaciones, ya que no se ha podido generalizar hasta hoy un concepto universal que se encargue de describir como es que se describe este tipo de hacer historia, en el cual se aborden todos los puntos que toca.

Este no es el único concepto que puede generar confusión dentro de este texto, ya que también al abordar el tema de cultura popular nos podemos encontrar con una serie de definiciones, que si bien pudiéramos transcribir todas las que menciona llegaríamos al punto de que cualquiera puede aportar algo sobre dicho concepto pero ninguno puede llegar a generalizar todo en una sola descripción, es decir, que la cultura popular al igual que la historia cultural, no pueden explicarse en una sola descripción.

En cuanto a las representaciones de estas nuevas formas de hacer historia se mencionan la significación de textos y la sociología de textos. La primera depende de las capacidades, de las convenciones y de las prácticas de lectura particulares de las comunidades que integran la sincronía o la diacronía, a sus diferentes públicos. En la segunda, apoyada en la tradición bibliográfica, pone el énfasis en la materialidad del texto y en la historicidad del lector con una intención doble. Estas dos posturas tratan de establecer una relación entre el lector y el texto, creando por medio de la aplicación de teoría el entendimiento de lo que encierra la obra en general.

Sobre la práctica y el discurso de esta nueva historia, se nos presenta un desafío debido a la articulación entre estas prácticas y discursos, ya que el lenguaje es un sistema de signos cuyas relaciones producen por ellas mismas, significaciones múltiples. Es decir, que las ideas pueden percibirse de maneras distintas dependiendo el lector, el contexto, etc. Finalmente, se menciona que estas representaciones colectivas y simbólicas encuentran en la existencia de los representantes individuales o colectivos concretos o abstractos, la garantía de su estabilidad y continuidad, en otras palabras, se puede decir que estas representaciones adquieren un valor diferente dependiendo lo que se desee estudiar, dejando así, una infinidad de posibilidades de estudio sobre un solo tema en especial.

Concluyo con la observación de que además de ser un texto demasiado teórico, el autor ordena los puntos de manera que pueden ser comprendidos hasta cierto punto por el lector; además, se necesitan ciertas bases teóricas, ya que maneja una serie de explicaciones que pueden generar dudas, desde los conceptos hasta la forma en que se desarrolla el tema. De igual forma es un excelente inicio para el lector dentro de este campo la historia como ciencia al permitirle conocer poco a poco la cantidad de métodos y variaciones en que se escribe.

Referencia
Roger Chartier. “La nueva historia cultural”, en El presente del pasado. Escritura de la historia, historia de lo escrito. México: Universidad Iberoamericana, 2005a.

“El historiador rebelde de la cultura: Jacobo Burckdart”

Por Ma. Victoria Irineo Martínez

1

Sonia Corcuera de Mancera, obtuvo los grados de Maestría en Historia de México y de Doctora en Historia por la UNAM, imparte Historiografía e Historia de la Filosofía en la Facultad de Filosofía y Letras. Sus publicaciones se han hecho en el FCE: Entre gula y templanza, El fraile, El indio y el pulque, y Del amor al temor. En Voces y silencios en la historia. Siglos XIX y XX, realiza un análisis sobre las distintas tradiciones históricas y su evolución durante casi doscientos años o como ella lo plantea: su manera de utilizar la razón. El campo histórico no representa una sola mirada, por el contrario tiene muchas que permiten su comprensión. Estas perspectivas provocan una reflexión histórica a su vez diferente a otra. Maneja el paisaje de luces y sombra que llevan consigo cada autor que ha decido dedicarse a la historia, cada uno aborda y escribe a través de su experiencia de vida. Sus telas históricas representan los tonos del exterior y su propio ánimo, con optimismo o desencanto.

2

Leopoldo Von Ranke y Jacobo Burckhardt, ambos historiadores pero a la vez tan diferentes en cuanto al concepto de historia que percibían: el primero se dedicaba al análisis de los acontecimientos; mientras que el segundo, al de tendencias. Ranke tenía una visión optimista y luminosa, mientras Burckhardt era sombrío e irónico al momento de plasmar sus ideas en la escritura. Aunque vivieron en la misma época, el continente no se parecían en nada sus formas de expresión. Esto de cierta manera se puede comprender debido a la influencia que tuvieron durante su formación académica o por los textos que leyeron. Burckhardt el historiador sombrío tenía la visión pesimista, debido a la influencia que tuvo por parte de Arturo Schopenhauer -filósofo y por quien el autor se vio influenciado al momento de realizar sus escritos.

Schopenhauer, que jamás pudo tener una visión positiva de la vida y mucho menos del hombre y de la sociedad. La autora lo asocia la visión que tenía del mundo exterior con las condiciones bajo las que siempre vivió, es decir, su contexto social. La calificación de desubicado y huraño, permite comprender la situación de vida social en la que se vio envuelto, pues es aquí donde se empieza a buscar su significado de la vida -como el objeto del perro que le hizo compañía que tiene un significado para el filósofo. Este autor, considerado por sus biógrafos irrelevante como maestro y como escritor, ve la vida sin sentido, en donde el hombre no tiene ninguna esperanza de mejorar su forma de vivir, aunque logre alguna meta siempre se encontrará insatisfecho. Retomando la relevancia de este autor, creo sí la tuvo, al grado mismo que Burckhardt se considera un discípulo de él, por lo tanto sí logro captar la atención a pesar de tener una visión tan pesimista.


3

Jacobo Burckhardt nace en Basilea en 1818, cuya ciudad se encuentraba enriquecida culturalmente por las cercanías que tenía con Francia y Alemania. Su familia, de tradición calvinista, llega a esa ciudad en búsca de libertad religiosa. Pronto él mismo buscaría un nuevo sentido religioso, desilusionándose al mismo tiempo. Su ideología le llevaba a despreciar a la política y los negocios porque no los consideraba digno de un caballero, posiblemente por el significado que le daba a estas actividades. El hecho de que haya podido viajar por Europa, le permitió adquirir un conocimiento más amplio en cuanto a la cultura de cada ciudad que visitaba. El destino principal y por el cual realizaría sus textos se centraría en Italia.

Burckhardt veía cómo Europa se iba transformando por las sociedades, a la vez que triunfaba la fuerza bruta ocasionando que la vieja Europa se desintegrara. Esto lo que llevó a la pérdida de la idea de todo lo bueno que la sociedad poseía. Todos estos problemas que consideraba como un desastre, lo condujeron hacia el pesimismo y a alejarse del mundo, pues sólo se dedicó a su propio mundo y mantuvo contacto con unos cuantos intelectuales que le rodeaban. A través de la historia y cultura, se ausenta del presente y busca refugio en el pasado.

Su principal objetivo fue la descripción de la Europa que abarcaba desde la Antigüedad hasta el Renacimiento, para ello se vio en la necesidad de resaltar la belleza de esta civilización. Se apegó a las antiguas costumbres y tradiciones que lentamente iban desapareciendo con el avance del siglo XIX. Todo ese pesimismo lo condujo a la certeza de que pronto surgirían demagogos capaces de manejar un poderío militar. La autora relaciona estas palabras con el surgimiento de los movimientos revolucionarios que se dieron en el siglo XX, como el movimiento fascista y bolchevique (parece cosas del destino pero realmente fue una realidad).

Burckhardt entonces se convirtió en un historiador que mezcló la importancia del arte y arquitectura en sus trabajos, su ideal el esplendor romano, la decadencia significo la ruina de la civilización, la inspiración del arte le forjó una idealización pero al mismo tiempo le provocó una desilusión, por la influencia pesimista que había recibido de su mentor. El historiador rebelde: que se enfrentó a las metodologías -de moda- que surgieron en su época, que no compartió los mismo objetivos que sus contemporáneos; que se convirtió en rebelde por la ideología que sostuvo en su añoranza por la civilización antigua, pero al mismo tiempo la disolución que ello provocaba en él.

Este autor es uno de los representantes de la vuelta al romanticismo. Un historiador que buscaba un retroceso hacia al pasado para lograr su propia felicidad, a través de la idealización del algo que ya había quedado en atrás. El romanticismo no sólo se vio influenciado en un sólo personaje sino que fueron muchos quienes buscaron de alguna manera escribir y representar la antigua etapa de esplendor como lo mejor que le había ocurrido a esta civilización, planteando que movimientos como la Revolución Francesa habían corrompido a la civilización.

El historiador rebelde de la cultura, se convierte en un personaje que rompe con un nuevo sistema de lo que debía ser la historia. ¿Qué nos puede dejar su trabajo? La forma de analizar la perspectiva que el historiador del siglo XIX tenía, la concepción de historia, la manera en trabajaron en esta disciplina. También contribuye al manejo de la literatura, porque fue una herramienta para que el historiador romántico plasmará su búsqueda de la información, así como a la inclusión de otras fuentes como en su caso, al visitar las ciudades que estudiaba, analizar pinturas, todo lo que le pudiera llevar a un conocimiento, pues como dice la lectura al principio fue contemporáneo de Rank pero éste realizó una historia basada en documentos sin permitirse tener otra herramienta de conocimiento.

Referencia
Sonia Corcuera de Mancera. “IV. El historiador rebelde de la cultura: Jacobo Burkhardt”, en Voces y silencios en la historia. Siglos XIX y XX. México: Fondo de Cultura Económica, 1997.

“LA REVOLUCIÓN CULTURAL”



Por Alberto Díaz

En este texto Eric Hobsbawn aborda diferentes temáticas acerca de la revolución cultural, iniciado por la familia, el hogar y las relaciones entre ambos sexos. Comenta, pues, que la familia sufrió un cambio sustancial, desde su concepción hasta su rol social. Es decir, anteriormente la idea general que se tenía de familia era la del núcleo social parte importante y perpetua del desarrollo del individuo, que se hallaba conformada por la pareja casada y una figura paterna, como símbolo de poder y respeto. No obstante, en las décadas de los años sesenta y setenta se comenzó a gestar una nueva revolución cultural, donde el papel de padre de familia ya no lo fungía tan solo el varón, comenzó, entonces, una emancipación más progresiva de la mujer, tanto a nivel social, económico y familiar.

Ahora se daba el caso de muchas mujeres solteras que tenían hijos y eran el sustento familiar. Asimismo, se dio paso a una independencia por parte de los jóvenes que ya no vivían con sus padres y lo hacían con sus parejas, ya fuesen heterosexuales u homosexuales. Así, la concepción del hogar y familia comenzó a transformarse, ya no era vista por la tradición y costumbres conservadoras como algo mal visto. En lo sucesivo, las nuevas generaciones iban empujando progresivamente hacia este cambio. Dichos cambios culturales en el entorno familiar aparecieron en los países industrializados y en los semi-industrializados, además comenzaron a parecer movimientos estudiantiles que buscaban reconocimiento, aceptación y mejoras sociales en distintas parte del orbe, desde el Mayo Francés, la Primavera de Praga y el 68 en México, donde el individualismo pesaba más que la sociedad.

De igual manera se da una revolución musical y en la forma de vestir, las clases altas adoptan modismo, elementos, símbolos, formas de actuar y hablar como lo hacían las clases medias y bajas, se empiezan a usar más los pantalones de mezclilla. El rock tiene su apogeo desde la Gran Bretaña, con grupos como The Beatles y The Rolling Stone, aunado al surgimiento de movimientos como el Punk, atribuyéndoselos a The Sex Pistols, Peter & The Best Tube Babies, y Cockney Reject. Surgen movimientos pacifistas en Estados Unidos, como los hippies, en contra de la Guerra de Vietnam, manifestaciones feministas y el movimiento Gay en busca de reconocimiento social, es pues, campo fértil para distintas manifestaciones juveniles y sociales, aparece la música disco y el rock experimenta nuevas vertientes, como el heavy metal hasta el black metal, o el reggae popularizado por Bob Marley.

En Latinoamérica, al ser una realidad distinta a la visión europea y norteamericana, los movimientos antiimperialistas son muy fuertes, las ideas sociales y marxistas hacen eco en muchos jóvenes, la música de trova es el medio por el cual se protesta desde el Cono Sur hasta México, muchos escuchan a Joan Manuel Serrat, Violeta Parra, Chabuca Granda, Mercedes Sosa y Víctor Jara, quien le canta al Che Guevara. En lo que respecta a México, se escuchaba fuertemente a Los Folkloristas, Amparo Ochoa, la Nueva Trova Cubana, de la mano de Silvio Rodríguez, Amauri Pérez, Pablo Milanés y Daniel Viglietti. Así, pues, la realidad latinoamericana era totalmente opuesta, estigmatizada por el término peyorativo de “tercermundista”. Estos cambios también se hicieron notar drásticamente, aunque Hobsbawn no lo mencione, pero es de destacar que igualmente aquí se dieron importantes movimientos e influencias sustanciales que permearon al mundo contribuyendo a la revolución cultural.

Queda claro, entonces, que la liberación personal tanto europea como latinoamericana y la liberación social, más allá de la ideología política, iban de la mano bajo una misma bandera y consigna, “sexo, amor, igualdad y drogas”. Las ataduras del poder, leyes, normas del estado, la iglesia y de los padres, ya no podían frenar o enmudecer a estos movimientos juveniles en pos de un cambio. Sin olvidar las demandas de las mujeres en pro de la liberación, medios de control de natalidad, incluidos el aborto, el divorcio y la libre sexualidad y lo más importante reconocimiento dentro de todas las esferas sociales. Así, la vieja estructura, “del vocabulario moral de derechos y deberes, obligaciones mutuas, pecado y virtud, sacrificio, conciencia, recompensas y sanciones”, ya no encajaron ante este nuevo lenguaje que se estaba gestando.

De esta manera, este individualismo pronto encontró su plasmación ideológica en una serie de teorías, tanto el liberalismo económico como posmodernismo entre otras. Sin embargo, de acuerdo con el autor, en el apartado donde desarrolla la idea de la desintegración del antiguo código de valores como de las costumbres y usos que rigen el comportamiento humano, objetaría en que me parece muy sensacionalista, es claro que dentro de cada movimiento o cambio hay resistencias, que en su momento permanecen ocultas y cuando vislumbran la posibilidad de emerger lo hacen.

No obstante, esto no significa que lo acontecido sea estigmatizado como deleznable, la revolución cultural ya ha permeado y el tratar de hacer un regresión de valores o sistemas de valores que corresponde a un tiempo y contexto seria, pues, una aberración. Esto es, debido a que la cultura como las sociedades, no son estáticas y se encuentran en constante cambio y más ahora que somos parte de la globalización. Considero que los modelos de familia, comunidad y hogar, se han hecho más laxos y no tan estrictos como anteriormente lo eran.

Referencia
Hobsbawm, Eric. “Capítulo XI. La revolución cultural”, en Historia del siglo XX. 1914-1991. Barcelona: Crítica, Grijalbo Mondadori, 1995.

“SALIR”


Por Damaris Garcia Morelos

Las mujeres se exhiben y coquetean.
Las menos favorecidas observan o piden limosna.
Tímidas y mesuradas unas, osadas
y en los limites de la marginalidad las otras,
las mujeres salieron de la esfera asignada.

De Georges Opiz.
[1]


El nombre de una mujer solo debe guardarse
en el corazón de su padre, de su marido,
y de sus hijos.

Sylvain Marechal
[2]

La lectura de Perrot se basa en la vida de las mujeres de Francia en el siglo XIX. En ese tiempo para la mujer salir de su casa era imposible por tanto era muy mal vista ante la sociedad. Para la mujer no había otra opción de salida más que la caridad. Este tipo de trabajo era aceptado ante la sociedad y a la vez una forma de escape para las mujeres del ocio en el que se encontraban.[3] Consiguiente crearon una forma para que las mujeres enfrentaran un nuevo reto que permitiría, un cambio hacia una nueva aventura que enfatizaría a la mujer, ante la sociedad. Para esto se crearon grupos de cualidad femenina donde su propósito era principalmente ser caritativas, yace las fundaciones de grupos como la (Reinish Westfalian of Deaconesses, Société de Charité Maternelle de Paris, Weiblicher Verein fur Arment-Und Krankenpflege, La london Bible Women and nurses Mission. organisation Society,Woman‘s Work and Woman‘ culture y Ladies‘ sales).

Todas estas asociasiones se encargaban al proposito de la caridad, a llevar a cabo funciones, como ayudar a los pobres, entrenamiento a las mujeres para ser enfermeras. Tambien ayudaban a las mujeres en el hogar, tanto en problemas con el alcoholismo de sus maridos, hasta como educar a sus hijos. Tambien estas asociaciones sirvieron para recaudar fondos, y no solo para eso , puesto que estos grupos salieron a la defensa de las injusticias que se les hacian a las mujeres. Todas ellas se enfocaban hacia una sola vision que era ser tomadas en cuenta. Con las nuevas actividades, la sociedad masculina y también femenina se veía en un escándalo, sobre las consecuencias que traía esta nueva situación La mujer empezaba a obtener mejores resultados tanto en el aspecto de la sociedad, como en el trabajo, a menudo tenia más participación en el ámbito del trabajo.

Existiendo siempre diferencias de clases, no importaba para la mujer en cuanto se tratara de sacar adelante un ideal, tanto las mujeres burguesas, como las obreras dejaban atrás sus antipatías para unirse. Que al fin de cuentas proporcionaba un bien común. Las mujeres obreras en ese tiempo no tenían derechos como los obreros, ya que eran consideradas como un adorno para la fábrica.

Perrot rescata las fuentes que proporcionan datos de los cuales se conocen solo una historia acerca de una huelga por mujeres, que resulto un tanto cómica para la sociedad, da muestra sin embargo de que existió al menos una de mujeres. Se obtuvieron datos donde aparecen huelgas mixtas donde ambos sexos participaron y se tomaron medidas igualitarias para ambos sexos, pero como en ese entonces no se tomaban en cuenta a las mujeres, las daban como huelga de obreros, si bien se sabe que existieron fuero por los datos proporcionados y fotografías donde aparecen mujeres, que para la sociedad eran consideradas como “Mari machas” ya que ser obrera en ese entonces era muy denigrante, tan exagerado que se le tenia al par de la prostitución.

Sin embargo no solo Michelle se enfoca ante este aspecto de problemática de la mujer en el siglo XIX, otro factor que resultaba ser mal visto era el tema de la migración. Conocemos que la mujer no solo migraba a la ciudad por complacencia, lo hacia por buscar un mejor empleo en la ciudad, al hablar de migración, Perrot los desempeña en tres tipos; la migración interior, se basa cuando una mujer viajaba para salir del pueblo, en busca de una mejora. Así que viajaba a la ciudad en plan domestico o textil, en el cual para unas resultaba muy funesta la idea por la ignorancia ante una cultura mas liberal, donde abatían ante las tramas de la incitación donde se conferían, y después eran abandonadas con la problemática de embarazos no deseados. Esto trajo en consecuencia numerosos abortos clandestinos, aumento en las casas hogares, mayor temor a encontrar empleos. Pues la sociedad no estaba conforme con este tipo de sucesos.

Las migrantes a largo plazo, eran la mujeres de la alta sociedad que viajaban en busca de libertad hacia otros países, también eran las mujeres de hijas de generales que viajaban hacia otras ciudades por los nuevos planes de su familia. Este tipo de migración era muy favorable para el ámbito femenino pues el intercambio de ideas culturales fortalecía más el pensamiento de la mujer, así alimentaba las de sus compañeras, creando mas asociaciones. Y luchando por ser escuchadas.

Las viajeras se encaminaban en el placer de disfrutar de los diferentes países, eran las que tomaban el “salir” como una manera de disfrute. Esto era a la ves algo grandemente visto, que el doctor recomendaba a sus pacientes que no se hicieran este tipo de viajes, debido a la fatiga que esta podría llevar, comenzando por las cantidades tan pesadas de sus maletas, el daño que causaría el sol a su piel, el dolor de cabeza por las horas de camino, sobre todo una de las cosas que exageraban, era la de no poder entrar a nadar tanto en albercas como en el mar, pues no se les tenia permitido andar en traje de baño por respeto a si mismas, a causar atracción ante los hombres. Vemos todos los contras que se le ponían a la mujer para viajar, lo cual estas recomendaciones las desanimaban.

Hacer la historia de las mujeres es un trabajo tan grandioso que Michelle y Duby pudieron rescatar, si bien la lectura nos muestra detalles de personajes femeninos, vemos muchos nombres de asociaciones femeninas nombres femeninos, que contribuyen a esta historia. La autora plantea varias cosas: el no dejar pasar estos nombres puesto que muy poco se escribe de las mujeres, un panorama incompleto de la historia de las mujeres, los acontecimientos sucedidos en el siglo XIX, las historias que más sobresalieron del ámbito femenino en ese tiempo.

¿Historia sincopada? Es la visión común que se tiene de ella, y que el relato masculino diferente o desdeñoso, sigue transmitiendo. En realidad, lasos invisibles, el tejido de una memoria que probablemente exista entre estas conmociones. Por la prensa , los recuerdos , la herencia – a menudo de madre a hija – se opera una cierta transmisión, y a través de esta se constituyen grupos conscientes, fundamento de una opinión. La historia sexuada de la opinión publica: “he aquí, en todo caso, lo que nos queda por hacer”…[4]

La autora deja abierta la invitación a todos aquellos que nos llamamos historiadores, a las mujeres trasmisoras de una tradición, a los hombres que solo se han enfocado a escribir ciertos detalles de las mujeres, a los medios de comunicación que transmiten una idea errónea de lo que la mujer debe ser. Nos invita a escribir historia, esa narración única que no se escribe, que no se lee en los mejores libros de historia, que no vemos en las mejores novelas históricas, a la que se le ha pasado por alto el papel que ha desempeñado la mujer.


[1] George Opiz, Principios del siglo XIX, pintura de un café en palais royal, paris, museo carnavalet, citado en Michell. Perrot “Salir”, en Historia de las mujeres en Occidente, t. 8, dir. por George Duby y Michelle Perrot. Madrid: Taurus, 1993.
[2] Citado en Ibid., p. ¿?
[3] Ibid., p. ¿?
[4] Ibid., p. ¿?

Un molinero llamado Menocchio


Por Cesar Alexis Marcial Campos

La obra nos habla de un molinero que tiene una cosmovisión muy extraña del mundo para su época, en la que el mundo no es más que una simple masa de queso y los gusanos que salen de él son ángeles.2 [cita] Este tipo de visión y, sobre todo, el andar divulgándola, llevaron a Menocchio ante el Santo Oficio donde fue sujeto a cuatro interrogatorios que se llevaron a cabo los días: 7, 16, 22 de Febrero y 8 de Marzo de 1584. Vivió en Friuli en la segunda mitad del siglo XVI, era una sociedad arcaica en la cual el estar llevando siempre la contra en cosas de la FE y discutir con el párroco sobre dichas cuestiones era algo muy grave.

Menocchio había nacido en una sociedad donde la nobleza tenía mucha importancia, al igual que el clero, quienes tenían grandes propiedades de tierra a lo que Menocchio hacia referencia en son de disgusto. Nuestro molinero, fue un caso “extraño” para la época, tenía un status que le permitió tener acceso a la educación y otros cargos públicos dentro de su ciudad natal como el de alcalde, administrador de la parroquia. Desempeñó varios trabajos, como el de molendero, carpintero, etc. pero principalmente se dedicaba a ser molinero. Era un molinero que sabía leer, sobre todo, leyó cosas de carácter religioso que le acarrearon problemas posteriormente.
Menocchio un molinero conocido por todos por sus extraños disparates religiosos fue un personaje que sufrió los embates del Santo Oficio durante la contra reforma. Lo que llegó a decir el molinero ya era por todos sabidos y quienes lo conocían trataban de lidiar con ello. Sin embargo, fue este fenómeno de la contra reforma lo que llevó a que sus palabras fueran más peligrosas, insoportables, heréticas. Esto lo llevó al Santo Oficio y más tarde a la hoguera.
A pesar de que era algo extraño lo que decía, esto no lo sacaba de la nada o de alguna forma de inspiración maléfica. Como nos muestra Carlo Ginzburg, llegó a tener acceso a libros que le facilitaron algunos amigos, por medio de dichas lecturas llegaba a sus conclusiones y otras veces repetía lo que había leído, lo cual era igual de extraño para su momento.

Una de las extrañezas o herejías del propio molinero fue la cosmovisión que tenía sobre el mundo, la cual expuso ante el Santo Oficio en uno de los interrogatorios al que fue sometido. En el hace mención de lo que él cree y piensa: diciendo que el pensaba y creía que el mundo era un caos y cuya masa, que lo asemeja al de una masa de queso y leche donde surgen gusanos, siendo estos gusanos los ángeles. [Cita] Otra “máxima” de este molinero fue el decir que su oficio era el de blasfemar: hay quienes trabajan en el campo y otros vendimian mi oficio es el de blasfemar. [cita] Siguiendo con la larga lista de herejías hay una que pone entre dicho el carácter virginal de la Virgen María. Menocchio externó su pensamiento acerca de este asunto diciendo: de que no era posible que hubiese parido a un niño y continuara siendo virgen.

Menocchio, declaró varios de sus pensamientos en los que atacaba a la iglesia desacreditando su carácter de institución divina en la tierra: puesto que todos las personas eran capaces de hablar en un grado de espiritualidad podían hacer mención de cosas divinas e interpretaciones de ellas mismas, debido a que todas las personas tenían esa capacidad espiritual, etérea, etc. de comprensión. También alegaba contra algunas de las prácticas religiosas como: el bautismo, la ordenación, el matrimonio y la confesión. él las reducía a simples mercancías de las cuales la iglesia sacaba un beneficio. Estas ideas que el molinero expresaba fue lo que le costó cuatro interrogatorios y después la vida misma.

A pesar de las ideas que Menocchio expresaba algunas de ellas las había retomado de algunos libros que se le habían proporcionado: La Biblia, El florilegio de la Biblia, Il Lucadario, Il Lucerndario, Il Vavallier, Zuanne de Mandavilla, etc. De hecho la idea de reducir las prácticas religiosas a meras mercancías lo extrajo de un libro llamado Sogno: en el que se menciona que es un mercado todo el acto religioso de la sepultura de la cual se rehúsan a realizar los padres sino reciben un pago por ello. Menocchio se lamenta de que convirtieran a su iglesia en un mercado. [citas]

Estas y otras ideas de las que el propio molinero afirmaba de no creer que nadie pensaba como él y que jamás había escuchado a persona alguna decir tales palabras. Sin embargo, como muestra Ginzburg: Menocchio interponía entre él y la lectura un especie de tamiz en la que mostraba y ocultaba al mismo tiempo ciertos “paisajes” en la que exasperaba una palabra de la lectura al mismo tiempo que la aislaba del contexto. Así, deformaba la lectura del texto y este tamiz o filtro que interponía entre él y la lectura era la “clave” para entender la forma en que leía el molinero. Lo cual nos remite a la idea de una cultura de la lectura diferente de la página impresa y esta es la cultura oral.

Por otro lado, a pesar de la descontextualización que Menocchio hacía de ciertas palabras respecto de la lectura. Menocchio era capaz de hacer una interpretación mesurada de lo que leía. Por ejemplo, en el caso de lo que había expresado acerca de la virgen María: cómo podría ser virgen si había tenido un hijo. A lo que el afirmaba que se le decía “virgen” por el hecho de que la virgen María había estado en un templo que se llamaba el templo de las vírgenes. Esto lo había sacado de un libro llamado Rosario della gloriosa vergine, donde se relata que la virgen María debía ser nutrida en dicho templo con las otras vírgenes y que se dedicarían de manera muy devota a la contemplación de cosas divinas, además de que en dicho templo la virgen María había sido visitada por ángeles. Así, podemos ver que llega a esa conclusión del por qué de la “virgen”. Otro dato importantes, es que se alcanza a ver que tiene cierto grado de interpretación que traspasa el plano meramente literal de la lectura. Pues hace caso omiso de toda la descripción de la visita de los ángeles que hacían a la virgen María.

El trabajo que hace Carlo Ginzburg para representar el ambiente en el que se vivía, las características de la sociedad arcaica, donde la nobleza y el clero jugaban un papel determinante en esta época; y como presenta a Menocchio en un juego de contrastes para que se pueda obtener una idea de lo que significa ser un molinero del siglo XVI en un pueblo de Friuli y, sobre todo, el manifestar a los cuatro vientos su cosmovisión en las que no encajaban con las ideas dominantes de algunos sectores sociales y, sobre todo, que disgustaron a la iglesia que se encontraba en un momento de cero tolerancia a este tipo de manifestaciones por la contra reforma.






Referencia
Ginzburg, Carlo. “Menocchio” a “Callejón sin salida”, en El queso y los gusanos. El Cosmos según un molinero del siglo XVI. México: Editorial Océano, 1997.

"Descubrir"



Por Brisseida Flores


El capítulo “Descubrir” de Tzvetan Todorov nos remite a la búsqueda del otro, a la búsqueda del complemento del ser humano que está dentro de otro hombre con características incluso totalmente distintas a él, de diferente cultura, de diferente historia y hasta de diferentes rasgos físicos. El yo que representamos es parte de otros, yos que provienen de los otros. Con ello nos damos cuenta que cierta parte de nuestro ser no es única, que nosotros vivimos en los otros y los otros en los yos. Son parte que nos identifican como hombres, como seres humanos superiores de cualquier otra especie en el universo.

Estos otros están todos dentro de uno mismo y esto a su vez es el yo. La mejor manera de ejemplificar lo teoría de Todorov es analizando lo que fue el descubrimiento y la conquista de América. Para él esta es una historia verdadera inmersa a la vez en mitos, los cuales hacen más susceptible el acontecimiento en interpretaciones pudiendo dar a ésta más un estilo moralista que un modo crítico de un historiador. La obra se caracterizará así en lo moral donde los indios y Colón serán el factor más importante en la investigación.

El descubrimiento del otro, en este caso los indígenas, por el yo, “Colon”, forja lo que será posteriormente, la era moderna, el principio de nuestra identidad y genealogía descendiente de Cristóbal Colon, de la cual Todorov afirma que provenimos.

¿Pero porqué Colón realizó ese viaje? Y aun más, ¿por qué decidió quedarse? Al ver esa tierra tan caliente, llena de habitantes de piel oscura y loros, acordándose de que estas mismas características, según le dijeron demostraban la riqueza de la tierra, lo cual cree ciegamente e interpreta a su favor. Pero en general también vio la necesidad y su deber divino para convertir a esos salvajes que para él no tenían cultura, identidad ni religión. Colón vuelve a interpretar sus creencias, supone así esto por la desnudes de los hombres. Y pese a ello reconoce que se asemejan más a un hombre que a un animal.

Colón se ve a sí mismo como el elegido, encargado de una misión divina, y a la vez, ve en todo momento y en todos los días la intervención de dios. El sólo cree en lo que cree, en sus principios en su cultura que lo ha formado y lo define. Por lo cual cualquier acto diferente a lo que el conoce es visto como algo que se asemeja al salvajismo. La falta de modales, pensamiento y apariencia europea en los indios hace ver a Colón a los otros en un rango no determinado, no sabe como catalogarlos y se limita a incluirlos como características de la naturaleza. Sus actos son realizados a partir de su imaginario y sus interpretaciones serán el resultado de su Fe. Para él la verdad es todo lo que conoce, por lo cual solamente buscara pruebas para sustentarla, y todo lo demás no cabe dentro de su pensamiento. Lo que nos lleva a pensar que cualquier ser, hombre de cualquier continente, estado, región, son iguales, la única diferencia entre estos es el contexto que los rodea, su cultura o su vivencia que ejerce así automáticamente una forma determinada de pensar. Aun así siguen siendo iguales.

La formación de Todorov lingüista, historiador, filósofo, semiólogo, crítico y teórico literario, hace transcendental la interpretación de tal suceso. Establece las relaciones y comportamiento humano, buscando las bases de cómo una persona se diferencia de otra.Un ser humano siempre defenderá lo que es, en si su cultura. En este caso Colón siempre defendió o puso en primordial el aprendizaje y adaptación de la civilización europea hacia los indios.

El yo con el universo significó para el descubridor la hegemonía del yo, de lo conocido, de los principios mismos de Colón y del continente dominante. El transcurso de los sucesos posteriores al descubrimiento continúan, según las representaciones que Colón da a sus deseos. [sic]. De una manera bella de ver América y los indígenas usando calificativos como buenos, mansos, sin codicia, sin engaños, generosos, cobardes, pasan a calificativos como bestias, ladrones, cobardes. Este resultado se forjó por la falta de conocimiento, interpretación e interés de la cultura americana, lo que llevó a una ideología esclavista que vio a los otros como mano de obra que podía igualmente explotar y acumular riqueza, junto con la que ya se estaba obteniendo de la misma tierra. Los españoles y el descubrimiento de América son históricamente el proceso de transición entre la época medieval donde predominaba la religión a la época moderna, donde la riqueza y su obtención se pone en la cumbre.

La historia pues, toma un sentido a partir del “yo, Colón” y de sus motivaciones y creencias para reconstruir la historia del descubrimiento de América y que a su vez respalda la idea de Todorov. Y en donde la participación de este personaje como eje central, no colectivo sino estelar, reafirma lo que es el papel del individuó en la sociedad. Se incorpora al individuo que resulta de la sociedad a partir de sus logros.

Podemos reconocer que las fuentes o textos de colon utilizados en este capitulo se enfocan a lo que es la historia de de la sociedad europea, en vez de la historia de América. Ya que se trata a América como una extensión de Europa y solo se logra descubrir a esta, no a los americanos.
La fe del descubridor fue la que domino el transcurso de la historia. También hoy sabemos que América no es el paraíso terrenal, como Colón lo creía, y que el desprendimiento, no total, de los americanos con Europa a sido parte de un largo proceso que se ha cuestionado y transformado a través de los grandes textos como el que estamos analizando. El cual en su tiempo, y hasta la fecha, proporciona una versión diferente de la historia mediante la representación cultural del individuo Yo.

Como también se expresa en el capitulo no se percibe al otro, y si no se le percibe, tampoco se le valora, al grado de que el otro queda excluido de los derechos, virtudes y similitudes que integran el yo. Las fuentes que constan esto son las mismas cartas de Colón.

Esto conlleva a la valoración y aceptación de diferentes propuestas de ver las cosas o de ver la historia. Como texto histórico nos proporciona diferentes formas de construir y representar ideas al mismo tiempo que reanalizamos la historia que ha sido sujeta a varias interpretaciones pero nunca vista desde el punto tan interesante que nos brinda Todorov.

Referencia
Todorov, Tzvetan. “Descubrir”, en La Conquista de América. El problema del otro. México: Siglo XXI, 2001.

9 de junio de 2009

El problema del pasado es la construcción del sujeto

Por Fernando Escobedo

Desde el instante en que el sujeto es cuestionado como una entidad, como un ser con características específicas, el problema de su construcción resalta la posibilidad de desarrollar su experiencia, explayarla, integrarla al imaginario social, a la historia. Se convierte en una problemática de carácter teórico, metafísico, discursivo, que involucra la comunicación de éste con su mundo más cercano y, a la vez, su propia introspección, ya que la manifestación del conocimiento que hace legítima su cotidianidad se convierte en necesidad cada vez que el sujeto expresa su bagaje cultural, su dimensionalidad ideológica. Es decir, para que éste ponga en práctica el conocimiento histórico es necesario problematizar al sujeto como un ser complejo, no sólo como individualidad, sino como su diferencia y su identidad a partir de la reflexión en la misma diferencia, de la cual surgimos. Esto es posible debido a la capacidad del ser humano de observar, de ser observado y, finalmente, de observarse a sí mismo, proceso que en su conjunto representa su esencia contradictoria bajo la forma de una comunidad de apreciaciones sobre la mismidad, que no radica en su existencia como naufragio sino en la existencia cada vez más consciente de pertenecer a una tradición, a un espíritu de contrastes y semejanzas.[1]


Sobre esta realidad fragmentada la epistemología positiva busca engañarse, y, por lo tanto, engañarse históricamente, considerando que es posible medir el pasado a partir de lo empírico, a partir de los datos de origen exterior a la sensibilidad, sin percatarse que la misma naturaleza creativa implica un desconocimiento de las raíces del pasado y un conocimiento histórico, metafísico, que sólo obtiene sentido en su historicidad, la cual en este caso es ignorada:

La ciencia de la historia, a su vez, como tal ciencia, no determina en absoluto la relación originaria con la historia, sino que siempre presupone ya una tal relación. Sólo por eso, la ciencia de la historia puede desfigurar, interpretar erróneamente y marginar hasta el mero conocimiento del anticuario la relación con la historia que, ella misma, es histórica.[2]

Así como Heidegger, toda la escuela de la dialéctica hegeliana, comprende el curso de la historia como el elemento fundamental de la perspectiva, como el autor intelectual de naturaleza problemática que nos provoca a desarrollar nuestras futuras acciones, es decir, para llegar a existir, y, por lo tanto, existir debido a la existencia de otros y sus parametros que posibilitan nuestro horizonte cultural, o lo que Guillermo Zermeño llama “los presupuestos del método”, referiéndose al trasfondo teórico que teje las acciones de los individuos. Es por esto, que la historia, como objeto de estudio, es decir, historiografía, no depende de una categoría sino de la interacción entre las posibilidades de la categoría, incluyendo las de su negación. Para Heidegger esto se conoce como el Dasein, o “el ser”, a través del cual el sujeto busca “alcanzar su posibilidad más propia, convirtiéndose así en lo que es… allí donde puede pretender testificar de ello… en su anticipación de la muerte”,[3] en su existencia inminentemente histórica, imposible de revivir, y, por lo tanto, cenestésica.

Ahora, el problema de la existencia del sujeto radica en que parte de la modernidad, aquella que considera que la “verdad” depende, únicamente, de la experimentación realizada en el mundo empírico, o lo que Immanuel Kant manejó como conocimiento a posteriori, busca traducir los resultados del método científico y la técnica, al conocimiento de los problemas sociales, eliminando la necesidad de narrar e interpretar el relato de la ex-periencia y el de su posterior producto, dejándole la última palabra a la tecnología o concepto sin comprender que estos pueden ser utilizados e interpretados de diferentes maneras y con distintas finalidades a lo largo de una temporalidad indefinida. Pero dicho ser histórico reconoce que la influencia de la realidad tecnológica lo envuelve y se deja des-vanecer según sea su impacto sobre la experiencia, eliminando al sujeto y la creatividad de su propio discurso, o dicho de otra manera,

“no podemos pensar objeto alguno a no ser por categorías; no podemos conocer objeto alguno pensado, a no ser por intuiciones que correspondan a aquellos conceptos. Ahora bien, todas nuestras intuiciones son sensibles y ese conocimiento, por cuanto es dado el objeto del mismo, es empírico. Más conocimiento empírico es experiencia. Por consiguiente ningún conocimiento a priori nos es posible, a no ser tan sólo de objetos de experiencia posible.”[4]

Lo que quiere decir que la tecnología, el concepto y/o el método, se convierten en la regla para la experiencia, la cual, conforme a Kant, es empírica y, por lo tanto, representa el sentido de la “verdad”, de la cual nadie podría escapar, debilitando en el intento el vínculo entre pasado y futuro, y aumentando su diferencia conforme la técnica es depurada. Esta afirmación, nos dice Zermeño, es debido a que la modernidad define claramente su postura a favor de las espectativas, a favor de una paz perpetua kantiana, la cual nos conducirá a una sociedad ilustrada, en la que el pasado sólo puede partir de las innovaciones, que es lo mismo que futuro, y, por lo tanto, obligando al sujeto a disminuir la dependencia de su propia historicidad, de la memoria histórica y de las relaciones que hicieron posible tanto la innovación como la existencia del sujeto en sí. En dado caso, no habría posibilidad de cambio alguno con respecto a las necesidades de los individuos que conforman una sociedad, sino que estancaría en una especie de conformismo basado en la liberación del desarrollo de la tecnología.

Aunque Kant consideró a toda experiencia como una síntesis en la tecnología, esta podía ser manipulada y utilizada como argumento represivo, dictando los objetivos que la sociedad debería considerar. Es así que el pasado (ahora sí que) pasó a ser un adjetivo y, por lo tanto, un predicado, con consecuencias peyorativas, vinculado al oscurantismo, a la idolatría, al mito, al absolutismo, la tiranía, la desigualdad y la ignorancia. El resultado fue la desaparición del sentido del pasado, que intentarán resolver los románticos, in-fluenciados por los principios de la dialéctica, y la posterior crisis metodológica, en la que las fuentes propuestas por los positivistas, es decir, los documentos, parecían dejar de tener fundamentos verídicos, comprobables, y se convertían sólo en una serie de “opera-ciones psicológicas” que los mismos Langlois y Seignobos mencionarán en su libro Introducción a los estudios históricos, publicado en 1987.

Esto conducirá al desarrollo de una serie de críticas a los excesos de la modernidad, en la que el lenguaje, a través del estructuralismo histórico de la Escuela de Praga, funcionará como sintetizador proponiendo “que cada parte puede ser entendida sólo en relación con todas las demás partes y con el todo ordenado jerárquicamente, y no como la suma meramente mecánica de sucesos linguísticos dispersos”,[5] situación que revalorará el rol de la experiencia y su historicidad, y que contrarrestará la postura utópica futurística de la modernidad, permitiendo distinguir a un sujeto mucho más complejo del establecido por el empiricismo de la tradición kantiana.

Es por esto que Guillermo Zermeño considera primordial la construcción del sujeto, debido a esta crisis del método científico en las ciencias sociales, encaminándonos a través de dicha preocupación que ha intrigado a los teóricos de la modernidad hasta llegar a la Escuela de Frankfurt (a la cual el mismo Zermeño es adjunto), y a las aportaciones de autores como Teodoro Adorno quien considera que el “concepto es un momento como otro cualquiera en la lógica dialéctica”,[6] siendo su finalidad el volver la dirección de la conceptualidad hacia lo no idéntico, es decir, hacia aquello que desde un principio lo construye pero le marca la diferencia. Así el autor se encargó de elaborar un espacio (o hiperespacio)[7] que comunica al individuo con el mundo exterior, permitiéndole ser finalmente un sujeto en toda su complejidad, con similitudes y diferencias pero que comprende que éstas forman y formarán parte de su propia funcionalidad.

Por último, habrá que considerar que el sujeto, no puede utilizar el pasado para comprender el pasado, ya que es conocedor de un futuro pasado, y los sucesos y métodos del futuro pasado no miden ni interpretan al pasado como el pasado se concibió, sino al contrario, desarrollan una nueva versión de ese pasado, que es historiográficamente correcta pero históricamente incierta pero necesaria. En palabras de Hegel:

“El tener, en muchos idiomas, se emplea para designar el pasado, y con razón, por que el pasado es el ser superado, y el espíritu es su reflexión en sí, en la cual subsiste únicamente el pasado; pero el mismo espíritu distingue también de sí mismo a este ser superado en él.”[8]

Notas
[1] Seminario de Historia Cultural. “El problema del pasado es el futuro: notas sobre teoría y metodología de la historia” de Guillermo Zermeño, ubicado en http://www.azc.vam.mx/publicaciones/tye/problema delpasado.htm. 25 de mayo del 2009.
[2] Martin Heidegger, Introducción a la metafísica (Barcelona: Gedisa, 2001), 47.
[3] Idem., 59.
[4] Immanuel Kant, Crítica de la Razón Pura (México: Porrúa, 1998), 93.
[5] Frantisek W. Galan, Las estructuras históricas, el proyecto de la escuela de praga, 1928-1946 (México: siglo XXI, 1988), 25.
[6] Th. W. Adorno, Dialéctica Negativa/La Jerga de la Autenticidad (Madrid: Akal, 2005), 23.
[7] Concepto que desarrolla el físico teórico Kaku Michio en su libro Hyperspace: A Scientific Odyssey Through Parallel Universes, Time Warps, and the Tenth Dimension, publicado en 1994. Especie de dimen-sión en la que son superadas las tres dimensiones naturales que el ser humano logra percibir. Haciendo refe-rencia especial al uso del internet y su influencia en el campo del conocimiento humano.
[8] G.W.F. Hegel, Fenomenología del espíritu (México: Porrúa, 2004), 93.

Roger Chartier: “Normas y Conductas: El Arte de Morir, 1450-1600”


Por Adriana García Zapata


“Normas y Conductas: El Arte de Morir, 1450-1600” es un capítulo perteneciente al libro: Sociedad y Escritura en la Edad Moderna. La Cultura como Apropiación. Roger Chartier, el autor, es un historiador francés con una formación intelectual en la escuela de los Annales, misma a la cual pertenece, siendo el principal representante de la cuarta generación (ochentas), en donde se desarrolló un giro crítico y se encargaron de retomar el problema de las fuentes para el análisis de la historia.

El campo de investigación del autor fue, en un principio, la historia de las formas de sociabilidad y de la educación, centrándose posteriormente en la relación entre los textos y los lectores en una forma de historia del libro. Una historia que ha reintroducido otro tipo de cuestiones; por ejemplo, las relacionadas con la circulación del escrito impreso y las prácticas de lectura. En sus trabajos hace una historia que busca una lectura más científica del pasado, mediante series estadísticas basadas en la cuantificación de los fenómenos culturales y la incorporación de otras disciplinas al análisis histórico.

¿Por qué es importante estudiar un libro? Esta pregunta me lleva a comprender el por qué de los trabajos de Chartier dedicados a interpretar la historia a través del análisis de los libros. Nos plantea seguir la trayectoria de cada texto para encontrar a la lectura y sobre todo a los lectores. Cabe destacar la trascendencia no del libro, sino de la lectura de este texto, por que la lectura es la que le dará la importancia a lo que se escribió. De este modo, la historia del libro pasó a ser historia de la lectura y en donde los libros son productos, transmitidos y apropiados. Es importante estudiar un texto por que nos permite establecer los usos y prácticas de una sociedad en torno a estos objetos culturales (libros) dentro de un contexto.

El Arte de Morir o Ars Moriendi es un manuscrito con grabados que ilustran la buena muerte, fueron realizados en 1450. Según el autor es una guía práctica del saber morir y del saber ayudar a morir, una cristianización iconográfica de la muerte que enseña a preparar el pasaje entre esta vida y la otra. Cumple con una función pedagógica de transmitir a la sociedad una serie de normas establecidas por el discurso eclesiástico desarrollado en la época de la Contrarreforma; consistía en eliminar el argumento humanista basado en el arrepentimiento final e independiente de una vida y en cambio, insistir en la necesidad de vivir bien para morir bien. Se desarrolló una insistencia cristiana por la dramatización del bien último mediante la pedagogía del miedo, es decir, lograr que la muerte educara a las personas y ésto se transmitiera por medio de sus comportamientos.

En la época del Renacimiento el discurso sobre la muerte se encontraba en los géneros de la poesía y literatura, mientras que para la mitad del siglo XVI pasa a desarrollarse en la literatura religiosa resultado de los movimientos anti-reformistas.

El Arte de Morir se redactó en dos formas: La versión larga y la corta; la primera consiste en seis apartados, en el primero el argumento principal se enfoca en enseñar a no temerle a la muerte, el segundo nos muestra las cinco tentaciones por las que tiene que pasar el hombre para ir al paraíso, el tercer punto son siete preguntas para corroborar si el individuo actuó bien en su vida terrenal; el siguiente nos muestra la vida de Cristo y se encarga de enaltecer su figura; el penúltimo da a conocer el comportamiento que deben tener las personas cercanas al muerto en su lucho, como familiares y amigos; finalmente una oración para el moribundo. La versión corta es básicamente el segundo punto de la versión larga. Nos ejemplifica que tras haber resistido las cinco tentaciones (infidelidad, desesperanza, impaciencia, vanagloria y avaricia) la persona se conducirá a una buena muerte.

En estas dos versiones se encuentran los dos lugares a donde va el individuo después de fallecer y habiendo pasado por el juicio particular y el colectivo. El primero es el paraíso, lugar para los coronados por Cristo, quienes acepten la muerte de buen agrado y sigan las normas establecidas, aquí se encuentran los ángeles que se encargaran de mostrarles el camino y se concibe como un lugar de descanso para el alma. El segundo es el infierno, donde están los demonios y lugar al que van las personas que hayan vivido mal, sin pensar en la muerte y que hayan caído en alguna de las cinco tentaciones.

El Ars Moriendi es un libro que se redactó de dos maneras: Una en donde se plasman sermones dictados y parábolas para servir a clérigos, letrados y que ellos transmitieran este conocimiento a sus feligreses. La otra fue posterior y se trata de figuras e imágenes para laicos y gentes no letradas, lo que permitía la divulgación de grabados que ilustraban esta enseñanza y no tenían que ser mediadas por terceras personas; dentro de este apartado se destaca la importancia y el impacto de la imagen de la muerte en la conciencia social.

El texto posteriormente se tradujo del latín al francés y representa el 2% de los libros religiosos, 15% o 400 de los ejemplares conservados. Lo anterior nos permite medir la importancia de las artes de morir en la circulación de lo impreso.

El texto tenía el objetivo de no olvidar la existencia cristiana frente a la amenaza que representaba la carencia de valor de la vida en las últimas horas de agonía de un individuo; por ello los textos insisten en la necesidad de preparar la propia muerte mucho antes de que llegue la hora. La advertencia por parte de la iglesia con respecto a las costumbres mortuorias no se trataban de una vida perfectamente cristiana, sino, los temores cristianizados en torno al acto de morir.

Su función era pedagógica, que enseñara a morir de manera que se lograra la salvación del individuo. El primer punto de esta función es incentivar la memoria de la muerte, es decir no olvidarla y mantenerla siempre en la mente. Buscaba desarrollar prácticas en la vida cristiana para crear normas que desarrollaran cierto tipo de conductas en la sociedad de esta época. Lo anterior permitiría mantener un orden y posteriormente un control clerical frente a la amenaza de su época, La Reforma. Prueba de lo anterior es que la decadencia en las artes de morir se identifica dentro de la coyuntura del final de la Contrarreforma.

Referencia
Chartier, Roger. “Normas y Conductas: El Arte de Morir, 1450-1600”, en Sociedad y Escritura en la Edad Moderna. La Cultura como Apropiación. México: Instituto Mora, 1987.